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jueves, 21 de julio de 2011

Campaña Mierani IV Parte 1


La primera noche fue crítica. Kildaren, Lili y Naergoth deambulaban alrededor del templo a la espera de una mejoría de sus compañeros. A este último se le veía cabizbajo, y poco después se marchó sin despedirse. Al final el agotamiento del raudo viaje de vuelta pudo con los aventureros. A la mañana siguiente el panorama mejoró notablemente. Iliana y Mohn se recuperarían casi completamente, salvo por alguna marca en sus pieles, y Varinth estaba mejorando lentamente, y había recobrado la consciencia, pero sus heridas le dejarían marcado terriblemente de por vida. Iliana abandonó temprano el templo para regresar a su cabaña, pero volvió por la tarde. Le dijo a Kildaren que quería visitar una antigua sección del bosque, en donde se encontraba uno de los árboles más viejos del mismo, para recolectar componentes con los que crear magias poderosas. El viaje sería solo de un día para ir y otro para volver. A falta de noticias por parte de los exploradores, y sin nada mejor que hacer hasta que sus compañeros se recuperaran, Kildaren aceptó. Por la noche apareció un lacónico Naergoth, el cual simplemente asintió con la cabeza cuando le explicaron la excursión.


A la mañana siguiente partieron hacia el interior del bosque, y al caer la tarde llegaron al linde de la antigua floresta en donde se encontraba el viejo roble. No queriendo pasar la noche en su interior, decidieron montar el campamento fuera y esperar a la mañana siguiente. Esa noche, Iliana se sorprendió al ver extrañas luces verdosas flotando entre la maleza de la antigua floresta. Quiso seguirlas, pero Kildaren le dijo que esperara a la mañana, que le olia peor que el pedo de un necrófago, y que no merecía la pena arriesgarse. Iliana acepto esperar.
Por la mañana, con  la tibia luz del sol sobre sus cabezas, los tres penetraron entre la maleza, enmarañada, y Kildaren empezó a abrirse camino a golpes de espada. De pronto, furtivos movimientos entre las ramas y arbustos les hicieron detenerse. Kildaren empuñó su arco, mientras Naergoth sacaba su cimitarra de guerra. Sin llegar a ver a su enemigo, otearon a su alrededor, esperando. De repente, Kildaren se giró y disparó una flecha, pero no contra la maleza, sino contra la espalda de Naergoth, al que únicamente su armadura salvó de una muerte segura. Volviéndose hacia su compañero, se dieron cuenta de que este había caído victima de alguna especie de sortilegio, y que no sabía lo que hacía. Con Naergoth ocultándose como podía tras el tronco de un árbol, y Kildaren buscando un hueco por el que dispararle, Iliana se puso a hablar hacia la maleza, diciendo que venían en son de paz, que ningún daño querían causar. Una voz estridente le contesto desde unos arbustos, que si tan en paz venían, porque se estaban abriendo paso a golpes de espada, destrozando en segundos lo que a la tierra le había costado tanto crear. Iliana pidió disculpas, y rogó porque cancelasen el sortilegio que tenía presa la mente de su compañero. Al instante, Kildaren fue otra vez dueño de su voluntad. Iliana también dijo que había venido al bosque viejo porque necesitaba corteza del viejo roble. La voz estridente le dijo que porqué quería hacer daño al viejo roble, a lo que ella replicó que no deseaba hacerle daño, que solo necesitaba ramas caídas y corteza. La voz le indicó que ella podía avanzar sola hacia el interior, que sus compañeros podías esperarla fuera de la floresta, a lo que ella aceptó.

Se introdujo hacia el interior, dejándoles sus armas a sus compañeros. Lo que al poco vio la sorprendió. A su alrededor se movían decenas de pequeñas criaturas, no más grandes que un bebe, vestidos con rusticas pieles y trozos de ramas y cortezas, todos ellos poseedores de unas relativamente grandes cabezas de ojos alargados y grandes bocas. Ella reconoció al instante a los famosos brownies de las leyendas. La rodeaban en su caminar, amenazándola con pequeñas lanzas y arcos de aspecto inofensivo, pero en su caminar por el bosque no tenían rival, y era difícil seguir sus movimientos, ya que el cuanto apartaba un segundo su vista estos desaparecían entre las hojas, para aparecer metros más tarde. Llegaron al interior de la floresta, en donde se levantaba el imponente viejo roble, cubierto de musgo y hongos, pero una majestuosa copa. Bajo ella se encontraba una comitiva de brownies, dirigidos por la que parecía su líder, una sabía mujer, y tras ellos, la tierra se ondulaba con la presencia de una extraña criatura, la cual emergió formada por musgo, raíces y ramas, de aspecto vagamente humanoide, y más de dos metros de altura, y al que los brownies llamaban Mula.

La mujer brownie le dijo a Iliana que si quería coger partes del árbol sagrado, tendría que darles a ellos algo a cambio. Iliana les mostró el interior de su bolsa, y parece que lo que allí había les entusiasmo. Se llevaron frasquitos con ungüentos caseros, remedios contra venenos y alguna dosis de veneno de avispas, y la propia líder le pidió la gruesa capa de oso que le servía como único abrigo. A cambio, le permitieron coger todas las ramas caídas y la corteza que quisiera, a lo que Iliana dedicó un rato, recogiendo un buen atillo de madera sagrada. Tras esto, se despidió de los curiosos duendes, y regresó con sus compañeros. En el camino de vuelta, tuvieron un encontronazo con un enorme escarabajo ciervo, llamado así por su enorme cornamenta, al cual atacaron sin piedad y el cual cargó contra ellos, pero las flechas de Kildaren y Naergoth acabaron rápidamente con su vida. Kildaren le cortó como trofeo su largo cuerno delantero. Después de esto, regresaron sin problemas a Arunthvereinth.

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