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martes, 22 de marzo de 2011

Personajes

Ya están colgadas las fichas en PDF de los personajes de la partida, convenientemente almacenadas en mi cuenta de Dropbox. Tratare de mantenerlas todo lo actualizadas que se pueda.

lunes, 14 de marzo de 2011

Campaña Mierani II Parte 3


Tras reponerse del ataque, decidieron descender por la abertura de la pirámide. Nada más entrar un fuerte olor como a matadero inundó sus fosas nasales. Al llegar abajo descubrieron el porqué. En una sala de unos 12 metros de lado, con un techo a unos 3 metros de altura, toda de piedra verde oscura, y con un gran trono como único mobiliario, se encontraban los cadáveres de nos diez hobgoblins y dos drows, todos con signos de mutilación, desgarros y aplastamiento. La escena era dantesca. Aparte de los cadáveres, solo se veían tres grandes piedras redondas de un metro de diámetro cubiertas por extraños símbolos. En las paredes se veían grandes relieves ocupando hasta el último rincón disponible, mostrando escenas de guerra entre unos humanos calvos y de barbas cuadradas, vestidos con largas vestimentas, contra elfos y otros humanos similares, apoyados por grandes gigantes y poderosos sortilegios. La entrada a la sala estaba flanqueada por sendas imágenes de unos pavos reales creados con miles de teselas multicolores. Lili e Iliana usaron sus poderes para detectar la magia en el interior de la sala, pero ambas quedaron cegadas por la potencia arcana existente en el interior, siendo incapaces de distinguir la existencia de diferentes fuentes.

Olvidando cualquier precaución, todo el grupo, salvo Kildaren, se precipitó hacia el interior, dirigiéndose principalmente hacia el trono, junto al cual se encontraban los cadáveres de los drow. En el suelo, frente al trono, había dibujado un círculo con un extraño símbolo en el centro, el mismo que aparecía representado en los escudos de los soldados de los relieves. Y al llegar al trono, se desató el infierno. Cientos de tentáculos oscuros y largos surgieron como raíces desde los intrincados diseños geométricos del techo, a la vez que las tres rocas se convertían en pequeños guardianes de roca cubiertos de runas talladas. Los miembros del grupo luchaban por soltarse de los tentáculos, solo para ser apresados de nuevo, a la vez que trataban de defenderse y herir a los resistentes guardianes. Kildaren trataba de ayudar lanzando una cuerda hacia Iliana, sin duda la que peor lo estaba pasando, para ayudarla a escapar de los numerosos tentáculos que la tenían completamente amarrada y los cuales la estaban asfixiando rápidamente. La lucha se estaba poniendo complicada, con las fuerzas cada vez más escasas para resistir y luchar. Y justo cuando parecía que no saldrían de allí, cuando Iliana perdió el conocimiento, los tentáculos desaparecieron con la misma velocidad con la que habían aparecido, al parecer su magia agotada por el momento. Así pudieron auxiliar a la bruja y terminar con los guardianes de piedra, los cuales, a pesar de ser increíblemente resistentes, no eran un reto suficiente para las habilidades combativas del grupo.

Campaña Mierani II Parte 2


Desde el linde del bosque no se percibía actividad alguna dentro del recinto amurallado. Las ruinas, cubiertas de maleza, estaban formadas por enormes sillares ciclópeos, mostrando los estragos producidos por los miles de años de abandono. Kildaren decidió acercarse en solitario para comprobar si los hobgoblins se encontraban en su interior. Cubierto por la alta hierba de la llanura que rodea la colina, no tuvo problemas para acercarse. Luego trepó por la rocosa ladera, hasta llegar a lo que debió ser la entrada a la fortaleza, de la que únicamente quedaba en pie un alto arco flanqueado por sendas torres cuadradas en ruinas. En el interior descubrió los restos de antiguas edificaciones, meros restos de muros, todo invadido por el bosque. En el centro de la fortaleza se levantaba otra pequeña colinilla rodeado por un bajo muro, y coronada con una estructura en forma de pirámide truncada. Dirigiéndose hacia la entrada de dicho recinto interior, Kildaren topo con los restos abandonados de forma precipitada del campamento de los hobgoblins. Al parecer no habían tenido tiempo de recoger casi ninguna de sus pertenencias, pero no había rastro de lucha. El explorador también percibió la ausencia absoluta de ruidos animales, ni siquiera el de los grillos nocturnos. Sintiendo una extraña aprensión, volvió con rapidez con el resto del grupo. Decidieron hacer noche resguardados por el bosque, para explorar las ruinas al día siguiente en profundidad. La noche fue tranquila, rota únicamente por el paso de una sombra gigantesca volando sobre las copas de las ramas, pero como no se volvió a repetir, el grupo descansó sin más interrupciones.


Al día siguiente todo el grupo trepo por las laderas hasta la fortaleza. Ni a pleno día era posible quitarse la sensación de aprensión de encima. Registraron por encima los restos del campamento, y comprobaron que la huida no estuvo organizada, ya que pequeños grupos habían corrido hacia diferentes puntos de salida en la muralla exterior. Kildaren incluso siguió los rastros fuera de las murallas, llegando a la conclusión de que además de los hobgoblins había al menos un par de ogros, de los cuales no había tenido noticias durante todo el camino.
Penetraron en el recinto interior, descubriendo varias tiendas de lona resguardando restos de mosaicos y relieves al parecer procedentes de los laterales de la pirámide truncada. Esta se levantaba en el punto más elevado de la colina, con unos 5 metros de altura y 21 metro de lado, bastante bien conservada, con todos sus lados profusamente decorados con relieves tallados y mosaicos realizados con teselas brillantes. En su lado oeste se abría una abertura que descendía hacia el interior. Sobre la pirámide se levantaba una especie de altar de  piedra oscura, al pie de cuyos vértices surgían canales que desaparecían en los vértices de la pirámide. Un líquido viscoso rojizo todavía era perceptible sobre la superficie del altar. Al rodear la pirámide descubrieron el origen de la sangre. El lado este mostraba un lado semi derrumbado, y sobre los restos de sillería descubrieron seis cadáveres, los dos jóvenes exploradores elfos y cuatro seres de aspecto bestial, humanoides pero con características variadas animales, como cuernos, hocicos, orejas puntiagudas y peludas, manos con garras, pies terminados en pezuñas, etc. No había dos iguales. Todos ellos habían sido degollados y desangrados, al parecer sobre el altar, para después ser arrojados por el lateral de la pirámide.

La primera en subir a la pirámide fue Iliana, y al aproximarse al altar debió de despertar a unas gárgolas guardianas, las cuales la atacaron rápidamente. Mientras sus compañeros corrían a socorrerla. Ella empleó brujería para dormir a una de las criaturas, pero no pudo zafarse de la otra, la cual la agarró y elevó en el aire, para después soltarla sobre el duro suelo. Pero cual no sería la sorpresa de la criatura cuando en vez de aplastarse sobre la pirámide, la semi-elfa cayó suavemente cual hoja en otoño, sin sufrir ningún daño. La criatura superviviente trató de volver a atacar a la bruja, pero fue eliminada por el resto de los compañeros, los cuales también remataron a la gárgola que había caído presa del sueño mágico.

viernes, 11 de marzo de 2011

Campaña Mierani II Parte 1



Tras acabar con las gigantescas avispas, el grupo se dio cuenta de que en no estaba en condiciones de continuar su camino. Por ello, a la mañana siguiente, retrocedieron sobre sus pasos de vuelta a Arunthvereinth, a donde llegaron a la caída de la noche.
Allí, Bëlanir descubrió una nota sobre su cama indicándole que el lider de la Hermandad Esmeralda, Kaeringiel, quería verle en la sede de la Hermandad, por lo que sin esperar al nuevo día partió hacia allí acompañado por Möhn y Naergoth. Al llegar, encontraron al poderoso hechicero sentado a la mesa leyendo un grueso volumen. Su alta y delgada figura le daba un aspecto frágil que su potente voz y fuerte personalidad contradecían. Kaeringiel les ofreció una opípara cena preparada por la magia, mientras le comentaba a Bëlanir que debía acompañarle a La Torre Roja, un asentamiento élfico situado al noreste, para ver a alguien que pudiera tener información sobre el paradero de su madre desaparecida. Bëlanir aceptó, y tras acabar la cena bajaron al patio, donde vieron como un imponente pegaso negro descendía atravesando las nubes para posarse entre la maleza. Bëlanir se despidió de su hermano, prometiéndole que le mantendría informado de sus averiguaciones. Tras eso, Kaeringiel y Bëlanir emprendieron el vuelo a lomos de su alado corcel negro.


El grupo decidió pasar al menos un par de días en el asentamiento hasta haberse recuperado completamente de las heridas sufridas. En estos días, Varinth decidió dejar atrás sus excesos sexuales con las promiscuas elfas y tratar de buscar más información en la biblioteca de Koras. A diferencia de sus compañeros, se centró en las ruinas de Dol-Brondur, y tras unas horas muy productivas, descubrió que dichas ruinas pertenecían al antiguo Imperio Thassilonio, desaparecido a causa de la caída de la Roca Estelar. Dicho Imperio se fragmentó en siete reinos, y Dol-Brondur era una de las fortalezas fronterizas del reino de Bakrakhan, levantada para “controlar” a los elfos de Mierani y al reino vecino de Cyrusian. Poco se sabe sobre este Imperio, salvo que llegaron a altas cotas de poder, controlando con una extraña magia rúnica incluso a la raza de los gigantes y a los dragones.

A la mañana del tercer día desde su regreso partieron de vuelta a las misteriosas ruinas. Tras un primer día sin incidentes, por la noche les sorprendió la llegada de un explorador elfo llamado Kildaren, un grugarch del norte que pertenece a un grupo asentado a las afueras de Arunthvereinth, y al cual Naergoth conoce bastante bien. Este les contó que llevaba dos días persiguiendo a un nutrido grupo de hobgoblins desde el noroeste, el cual había capturado a dos jóvenes exploradores elfos, a los cuales Kildaren estaba entrenando. El explorador elfo mostraba claros signos de fatiga, al no haber descansado apenas desde que comenzó la persecución, por lo que aceptó la oferta del grupo de descansar esa noche y luego ellos le acompañarían en la búsqueda. Al día siguiente, guiados por el experto explorador, continuaron la persecución, llegando a última hora de la tarde a un amplio claro del bosque donde se levantaba una amplia colina cubierta de ruinas. Comprendieron que habían llegado a Dol-Brondur, al parecer el mismo lugar al que los hobgoblins se habían dirigido.